




















La belleza del lugar es indudable, la riqueza de esta aventura también...pero toda moneda tiene dos caras y aunque estábamos al tanto de lo básicas que serían las condiciones de vida arriba del barco, no nos dejó de asombrar y afectar la realidad de este disputado rincón de la amazonía.
Pudimos experimentar el hacinamiento (preguntamos y no existía límite de carga ni pasajeros)...para nosotras era parte de la aventura en la selva, pero para muchísimas personas es un cotidiano ineludible cada vez que quieren trasladarse de su aldea. Nos encontramos con el aislamiento en su máxima expresión, más allá de la falta de comodidad, hablamos de calidad de vida, del respeto por la seguridad de las personas y el medio ambiente (todos los deshechos orgánicos e inorgánicos iban directamente al río), de la escasa presencia del estado en un territorio que paradojalmente se ha disputado en guerras recientes. Esta parte de nuestro itinerario está afuera de la ruta del turista, aquí nos encontramos con un Perú profundo que no postuló a las 7 maravillas del mundo.






























